domingo, 23 de marzo de 2025

Es curioso que Platón al instaurar la verdad, la bondad y la belleza como máximos valores humanos se dejara en el tintero a la inteligencia. ¿No es cierto que muchas veces se nos ha planteado la dicotomía: "¿qué prefieres, más belleza o más inteligencia?"? De la bondad, curiosamente, poco se habla. Creo que la cuestión estriba en que en la época clásica el caudal de las verdades sobre el mundo no estaba al alcance de todas las personas. Como sí lo está ahora cuando, por ejemplo, para saber del mundo puedes estudiar 5 años de física y ponderar luego la bondad de las teorías de cuerdas o del big-bang. En la Antigüedad y durante mucho más tiempo el centón de las verdades no estaba al alcance del primero que quisiera meter la mano en el saco. Se requerían muchos años de experiencia, estudios y aprendizaje, a veces toda una vida, para poder atisbar el conjunto de las verdades sobre la vida y el mundo. Así, conocer la verdad, in genere, presuponía la inteligencia del conocedor puesta duramente a prueba en inacabables trabajos intelectuales. Ahora puedes buscar en internet cualquier cosa sobre cualquier tema y saber cualquier verdad de la profundidad y hondura que ansíes en un instante. Creo que es una gran diferencia.

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