sábado, 14 de marzo de 2026

Las máquinas estocásticas, como las competiciones de fútbol y demás deportes, son un gran fermento con el que poder, paradójicamente, aproximarnos a nosotros mismos, ensimismarnos. Aparentemente, todos estos eventos, regidos por el azar, son excéntricos, literalmente te descentran, arrojándote en brazos de la masa gritona, real o metafóricamente. Pero además de este movimiento hacia el exterior pueden propiciar un movimiento de introversión al crear espacios con el tiempo detenido o en suspenso. Pues uno de los efectos del azar es sacarnos del tiempo lineal para situarnos en un tiempo circular, que es el epítome de lo sagrado y por tanto del juego de la inmanencia con la trascendencia. Y ahí, en ese estiramiento como chicle metafísico pasamos tiempo ensimismados. ¿Cómo es eso de que el azar nos saca del tiempo lineal para pasar al circular? Pues porque, psicológicamente, al sentirnos imbuidos del anuncio de lo sublime, ni que sea en forma de un toque del balón contra el poste que, de repente, cambia el signo de la jugada y del partido, para seguir gozando, seguimos y volvemos a seguir el paso, una y otra vez hasta quedar exhaustos, una forma de éxtasis. Yo creo que aparte de los flujos identitarios con nuestra tribu (en este caso, futbolera), este mecanismo de introversión es de gran ayuda para mantenernos estables psicológicamente. E si non è vero...

miércoles, 4 de marzo de 2026

El humano es dipolar. Tiene, por un lado, el lenguaje verbal que propicia una comunicación imperfecta, incompleta, pues, al caso, siempre se puede añadir algo más en cualquier conversación o monólogo. Así, la comunicación mediada por el lenguaje verbal siempre tiene un principio y un final pues nos vemos obligados a segmentarla, a ponerle -artificialmente- fin para poder seguir con nuestra vida en cualquier otro de sus múltiples quehaceres. Luego, el tiempo del lenguaje verbal es el tiempo lineal, la flecha del tiempo como vulgarmente se dice. Pero, por otro lado, como animal que somos, subtiende al lenguaje verbal la comunicación que es propia de todos los animales, y que tiende a ser completa o perfecta, pues solapa perfectamente la necesidad comunicativa que tiene cualquier animal (cuando un cuervo da la alarma a sus congéneres sobre la presencia de un depredador, la comunicación es completa y total, no cabe "decir" nada más). Así, esta comunicación animal tiene un tiempo cíclico, que no tiene principio ni fin, como es el remedo de los seres vivos de lo absoluto o perfecto. Y ese tiempo cíclico es el tiempo sagrado del que hablan algunos antropólogos, o también el tiempo del juego -el círculo del juego- . Por lo que, en tanto que humanos, somos homo religiosus (y homo ludens), aparte de, en alguna medida, homo sapiens. Luego vivimos tiempos sagrados con hierofanías como las que propician o buscan por ejemplo algunas ideologías políticas (las que reclaman lo utópico), esto en el caso de que hayamos decidido aparentemente "desacralizarnos".

domingo, 22 de febrero de 2026

Si no suele haber en los usos contemporáneos creación, recreación, del otro que, por definición, está afuera, lejos, entonces todo es inmediatez, todo se precipita alrededor del yo. Y si todo es inmediato no hay perspectiva, ni contraste que permita una visión estereoscópica del mundo. Todo se vuelve plano, incluyendo al sentimiento. Y si no hay diferencia de potencial en el sentimiento, las cosas se deslizan peligrosamente por una pendiente que seguramente llevará a la depresión consuetudinaria. Y desde el pozo, pequeño, en la oscuridad todos los gatos son pardos, incluida la política. Con lo que se instala un "todo vale" muy peligroso para la continuidad de la democracia. Tanto a escala macro, social, como micro, individuo, se pierde fuelle, ímpetu y vitalidad. Y todo ello en cascada a partir de una sola causa. El fusible vital y social se llama la generosidad, la gratuidad, que lleva al otro. Cuando comienza la racanería todo tiene un precio casi siempre demasiado alto para pagarlo voluntariamente con lo que nos sentimos agobiados tendiendo instintivamente de nuevo a encerrarnos en el yo. Pero lo social es gasto, incluso lujo, al desbordar de uno mismo para alcanzar al otro. Es un bucle, un infinito retorno que, actualmente, puede colapsar.

sábado, 14 de febrero de 2026

Como buen conservador de espíritu, ya que no necesariamente de voto, soy alérgico al término "revolución". Sí, la revolución del orbe celeste en sus distintos tránsitos diarios, equinocciales y anuales no me chifla...En el diccionario de mi cabeza dura no caben muchas más acepciones. Hago una excepción, por afrancesado, con la Revolución Francesa, la única (aunque hubo varias) por antonomasia. Ahora mismo estoy entretenido leyendo un pequeño ensayo histórico sobre el tema. Y refresco cosas que aprendí en el colegio (sí, mi colegio era laico y republicano en los lejanos 70´s). Mirabeau, diputado en la Asamblea, dio uno de los primeros aldabonazos con la confiscación de los bienes de la Iglesia. Hay un breve ensayo de Ortega, "Mirabeau o el político; Contreras o el aventurero", que tengo por casa hace mucho. Así que tengo ilustres antecedentes de algún que otro conservador para nada revolucionario alabando indirectamente a la Revolución Francesa. Aunque, a Dios gracias, no pierdo la cabeza dándole vueltas a la cuestión. Algo bien plausible, lo de perder la cabeza, en los tiempos que corren. Pero por algún bien de consumo anhelado de los muchos que corren, vuelan, delante de nuestras narices. Y así, la revolución de andar por casa, es volver un año más (el orbe celeste) a mis sanas y morosas costumbres por las que me felicito diariamente regalándome obras musicales una y otra vez vueltas a escuchar.Por lo que, sin ánimo de soberbia alguna, "la revolución soy yo".

miércoles, 4 de febrero de 2026

Si pensamos que solo tenemos la muerte delante mientras estamos vivos, me parece mucho más optimista esto: Mientras hay muerte, hay esperanza. Porque la vida es esperanza.

lunes, 26 de enero de 2026

Una de las características del Barroco es el juego de las máscaras. Soy quien no soy quien puedo ser. Por ejemplo. O la vida es sueño calderoniana en el que la máscara es de cuerpo entero. Yo me reconozco barroco de espíritu pero como soy torpe casi siempre llevo caída la máscara. De hecho, objetivamente soy un clásico y no solo por carrozón. No sé quién soy pero sí sé quién quiero ser: José Zurriaga. Creo que con esta divisa me libro del dilema barroco pues advertid que no digo si José Zurriaga es una máscara. Bueno, os dejo que tengo que salir y aun debo arreglar las gomitas que me sujetan la máscara. Ah, me olvidaba, la pandemia fue un carnaval sanitario y la máscara que nunca me quito es la que llevo en el metro. Así espanto a otra máscara, la de la gripe.

viernes, 16 de enero de 2026

La comunicación humana, mediada por el lenguaje verbal, se caracteriza por no terminar nunca. Esto es, siempre se puede añadir algo más a un diálogo, o a un monólogo, nunca cierra. Así la comunicación humana es siempre incompleta, imperfecta. Si siempre se puede añadir algo en la comunicación en "n" entonces la comunicación en "n-1" y en "n-2" y sucesivamente, en recursión indefinida, se caracteriza psicológicamente por incorporar algún deseo frustrado que será superado y vuelto a frustrar en "n+1" (a modo de cierre provisional y siempre superado a continuación). En efecto, como hemos visto, los cierres parciales (en "n-1", "n-2" y sucesivamente) son siempre frustrados al ser provisionales y superados. Entiendo por deseo frustrado, no necesariamente un deseo sexual o afectivo sino algún "contratiempo" en el devenir de la línea conductual individual y colectiva. Algo que "no sale bien", en suma, puede ser una minucia. Eso da la línea-base que psicológicamente nos informa de que somos finitos, limitados y susceptibles de errar. Considero que los deseos frustrados son la característica esencial del ser humano.