domingo, 22 de febrero de 2026
Si no suele haber en los usos contemporáneos creación, recreación, del otro que, por definición, está afuera, lejos, entonces todo es inmediatez, todo se precipita alrededor del yo. Y si todo es inmediato no hay perspectiva, ni contraste que permita una visión estereoscópica del mundo. Todo se vuelve plano, incluyendo al sentimiento. Y si no hay diferencia de potencial en el sentimiento, las cosas se deslizan peligrosamente por una pendiente que seguramente llevará a la depresión consuetudinaria. Y desde el pozo, pequeño, en la oscuridad todos los gatos son pardos, incluida la política. Con lo que se instala un "todo vale" muy peligroso para la continuidad de la democracia. Tanto a escala macro, social, como micro, individuo, se pierde fuelle, ímpetu y vitalidad. Y todo ello en cascada a partir de una sola causa. El fusible vital y social se llama la generosidad, la gratuidad, que lleva al otro. Cuando comienza la racanería todo tiene un precio casi siempre demasiado alto para pagarlo voluntariamente con lo que nos sentimos agobiados tendiendo instintivamente de nuevo a encerrarnos en el yo. Pero lo social es gasto, incluso lujo, al desbordar de uno mismo para alcanzar al otro. Es un bucle, un infinito retorno que, actualmente, puede colapsar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario