domingo, 22 de diciembre de 2024
La Navidad, ¿me gusta o no me gusta? El solo hecho de plantearlo indica que ambas opciones están bastante equilibradas. Debido a mi memoria de pez, yo nunca he acumulado inquinas o rencores de larga duración. Así que, si tuviera algún trauma infantil hacia la Navidad no ha perdurado en el tiempo. Y la Navidad con todos sus ritos incluso laicos me atrae por ese lado de costumbre, de hábito, de rutina, que tanto me gusta. Además, están las luces, los adornos, abalorios que tanto me encandilan con ingenuidad controlada. Definitivamente, la balanza se inclina del lado de Papá Noel, que no de los Reyes Magos pues esa fecha está ya en los arrabales de la Navidad. Comer un poco mejor que de costumbre sin excesos, que ya a mi edad es fácil controlarse, me propulsa casi todos los años a un sueño propicio para encarar los días y meses sucesivos. Sí, la Navidad es un pequeño bálsamo de Fierabrás que hay que aplicarse sin pensar que no nos llegan los pies al suelo desde la silla de la infancia que vuelve por unos días casi insensiblemente.
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