sábado, 25 de octubre de 2025
Esta tarde me he sentado delante del ordenador y he leído en la prensa que no hubo tal robo de un Picasso, hace unos días, quizá lo recordéis, sino que durante el traslado del conjunto de las obras de arte se quedó un momento a trasmano en un portal, y una vecina lo confundió con un paquete postal. Ayer mismo, hablando por teléfono con un amigo me dijo al respecto que seguramente no había habido tal robo sino que se habría quedado en un rincón y que quizá siguiera allí todavía. Se trata, aparte de la perspicacia de mi amigo, de un caso de sincronicidad al estilo de Jung en la que 2 hechos no conectados causalmente se imbrican, y por tanto se dan mutuamente sentido, para el observador. En este caso, un estado mental, o conjunto de pensamientos como quiera llamársele, y un estado físico, el del cuadro en el portal. Son casualidades, que quizá como diría Freud, son causalidades. Si lo tratásemos con rigor, hablaríamos de matrices vectoriales en un espacio de n-dimensiones. Quizá haya un modelo matemático para todo esto. Y si se lo planteásemos a una inteligencia artificial, ¿qué nos podría decir? Seguramente algo parecido a lo que acabo de decir. La vida, de cada cual, tiene hebras, filamentos, que se retuercen e imbrican formando algo semejante a telarañas tejidas por una araña intoxicada por LSD. Esto, creo, no nos da bula para tomar drogas a tutiplén, salvo que estemos a las puertas de la muerte. Ese es el límite, quizá también matemático, de las sincronicidades. Yo, por si acaso, pienso seguir hablando todavía un rato.
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