domingo, 22 de febrero de 2026

Si no suele haber en los usos contemporáneos creación, recreación, del otro que, por definición, está afuera, lejos, entonces todo es inmediatez, todo se precipita alrededor del yo. Y si todo es inmediato no hay perspectiva, ni contraste que permita una visión estereoscópica del mundo. Todo se vuelve plano, incluyendo al sentimiento. Y si no hay diferencia de potencial en el sentimiento, las cosas se deslizan peligrosamente por una pendiente que seguramente llevará a la depresión consuetudinaria. Y desde el pozo, pequeño, en la oscuridad todos los gatos son pardos, incluida la política. Con lo que se instala un "todo vale" muy peligroso para la continuidad de la democracia. Tanto a escala macro, social, como micro, individuo, se pierde fuelle, ímpetu y vitalidad. Y todo ello en cascada a partir de una sola causa. El fusible vital y social se llama la generosidad, la gratuidad, que lleva al otro. Cuando comienza la racanería todo tiene un precio casi siempre demasiado alto para pagarlo voluntariamente con lo que nos sentimos agobiados tendiendo instintivamente de nuevo a encerrarnos en el yo. Pero lo social es gasto, incluso lujo, al desbordar de uno mismo para alcanzar al otro. Es un bucle, un infinito retorno que, actualmente, puede colapsar.

sábado, 14 de febrero de 2026

Como buen conservador de espíritu, ya que no necesariamente de voto, soy alérgico al término "revolución". Sí, la revolución del orbe celeste en sus distintos tránsitos diarios, equinocciales y anuales no me chifla...En el diccionario de mi cabeza dura no caben muchas más acepciones. Hago una excepción, por afrancesado, con la Revolución Francesa, la única (aunque hubo varias) por antonomasia. Ahora mismo estoy entretenido leyendo un pequeño ensayo histórico sobre el tema. Y refresco cosas que aprendí en el colegio (sí, mi colegio era laico y republicano en los lejanos 70´s). Mirabeau, diputado en la Asamblea, dio uno de los primeros aldabonazos con la confiscación de los bienes de la Iglesia. Hay un breve ensayo de Ortega, "Mirabeau o el político; Contreras o el aventurero", que tengo por casa hace mucho. Así que tengo ilustres antecedentes de algún que otro conservador para nada revolucionario alabando indirectamente a la Revolución Francesa. Aunque, a Dios gracias, no pierdo la cabeza dándole vueltas a la cuestión. Algo bien plausible, lo de perder la cabeza, en los tiempos que corren. Pero por algún bien de consumo anhelado de los muchos que corren, vuelan, delante de nuestras narices. Y así, la revolución de andar por casa, es volver un año más (el orbe celeste) a mis sanas y morosas costumbres por las que me felicito diariamente regalándome obras musicales una y otra vez vueltas a escuchar.Por lo que, sin ánimo de soberbia alguna, "la revolución soy yo".

miércoles, 4 de febrero de 2026

Si pensamos que solo tenemos la muerte delante mientras estamos vivos, me parece mucho más optimista esto: Mientras hay muerte, hay esperanza. Porque la vida es esperanza.