lunes, 26 de enero de 2026
Una de las características del Barroco es el juego de las máscaras. Soy quien no soy quien puedo ser. Por ejemplo. O la vida es sueño calderoniana en el que la máscara es de cuerpo entero. Yo me reconozco barroco de espíritu pero como soy torpe casi siempre llevo caída la máscara. De hecho, objetivamente soy un clásico y no solo por carrozón. No sé quién soy pero sí sé quién quiero ser: José Zurriaga. Creo que con esta divisa me libro del dilema barroco pues advertid que no digo si José Zurriaga es una máscara. Bueno, os dejo que tengo que salir y aun debo arreglar las gomitas que me sujetan la máscara. Ah, me olvidaba, la pandemia fue un carnaval sanitario y la máscara que nunca me quito es la que llevo en el metro. Así espanto a otra máscara, la de la gripe.
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