jueves, 17 de septiembre de 2026

La percepción y la cognición son mutuamente inconmensurables. Me explico. No es posible transmitir, mediante la palabra, una experiencia. La prueba de ello es que no se puede explicar a un ciego qué es el cielo azul. Así, no se puede ser, racionalmente, sino devenir. Quiero decir que yo no puedo ser (algo, lo que sea) sino que más bien debo transitar por mis diversas percepciones sin detenerme en demasía en ninguna. No otra cosa es el flujo de la conciencia... Ser es naturalmente la meta directa de cualquier porción del lenguaje verbal. Hablar tiende a fijar las experiencias, a asentarlas en el caletre y a darles forma, separadas del resto del mundo. La dinámica de las experiencias, y por tanto de las cosas en el mundo para mi, es el estado natural de mi conciencia que se contradice con lo que puedo expresar mediante el lenguaje. Esa tensión irresoluble entre lo que digo y lo que siento es el voltaje que da energía a la racionalidad y a todo lo que esta me aporta. Pues el lenguaje verbal permite podar, simplificar, reducir la experiencia, tan vasta e inconmensurable, hasta una medida manejable por mi y así resolver los problemas que la realidad me plantea.

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