sábado, 30 de mayo de 2026
Se acerca el verano (boreal) y las temperaturas ambientales van subiendo. Yo, de año en año voy sintiendo menos el calor. Sí, supongo que mi metabolismo se va ralentizando o, dicho de otra manera, que la Parca va danzando cada vez más cerca. También es cierto que pienso que la meseta madrileña está gozando de un microclima en este cambio climático que dulcifica y atempera generalmente los episodios de calor. He creado una máscara que me impide ver la temperatura oficial que se va señalando y me refugio en la temperatura sentida y, en cierto modo, gozada. Creo tener, dada mi edad, una memoria térmica que me permite calibrar, mal que bien, las temperaturas reales, pero me puedo equivocar. Con mi escasa veta dramática, para mi no hay casi olas de calor ni episodios tórridos en esta ínsula madrileña. Yo vivo, sea real o metafóricamente, en clima temperado y, cada vez más, lluvioso. Alimenta mi fantasía térmica una vida recoleta y a la sombra que absorbe posibles picos de temperatura. Lo dicho, echadme veranos al coleto que yo os devuelvo canículas disminuidas. Soy como el muñeco de nieve que se resiste a derretirse al final del crudo invierno. Y así voy contando mis días.
lunes, 18 de mayo de 2026
La razón es una experiencia de segundo grado. Pero siempre se apoya, fagocitándola, en una porción previa de irracionalidad. Ya que la realidad es, por definición, irracional puesto que la razón es un constructo histórico con fecha, aproximada, de aparición en el mundo. Así, los humanos, en tanto seamos racionales, tenemos una experiencia de una experiencia (segundo grado). No alcanzamos la realidad directamente. Y por eso lo que es, el mundo, se nos escapa por entre los dedos.
viernes, 8 de mayo de 2026
Puede que nademos en círculos, sí. Por el proceloso mar de la experiencia vital. El lenguaje verbal está cerrado sobre sí mismo. No es solo que no se pueda salir del lenguaje sino que nuestras programaciones neurolingüísticas nos llevan a cerrar ciclos cognitivos sin cesar. Naturalmente, somos animales de costumbres pues la evolución cultural implica la repetición incesante a cada nuevo nivel que alcanzamos y hasta que ascendemos un nuevo peldaño. Si no nos repitiéramos no podríamos orientarnos cognitivamente ya que no tenemos un lugar cognitivo fijo, el equivalente cultural de un nicho ecológico.
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