martes, 24 de marzo de 2026

La voluntad como servomecanismo permanente sería una consecuencia directa del lenguaje verbal. Pues debido a su recursividad siempre se puede añadir algo más a una conversación o monólogo con lo que cada sujeto tiene que segmentarlo y darle fin provisionalmente para poder dedicarse a cualquier otra actividad que le requiera. Con lo que se salta de un segmento a otro, esto es, referencialmente, de un punto de la realidad a otro avanzándose así a través de la realidad. Ese deambular por el mundo, con cierta firmeza, es el signo de la voluntad. Lo que se complementa con que el sentido de las cosas seguramente sea asimismo un resultado del uso del lenguaje verbal. Debido a la característica que acabo de mencionar, la recursividad, aparece en el mundo la narración que se puede definir como un segmento de lenguaje verbal que hipotetiza algo debido a que está orientado, digamos que imantado, por su final. De este modo, en tiempos remotos la narración tendría un signo funcional: serviría siempre para algo. Ese sería el sentido de la narración. Dar sentido, literalmente, significa orientarse hacia alguna porción de la realidad. Así, por ejemplo, las narraciones que se tejieran alrededor de la preparación de herramientas y armas para una próxima partida de caza o las que se sucediesen alrededor de una fogata nocturna para fortalecer los vínculos del clan. Mucho más tarde, por abstracción y depuración se llegaría a plantear el sentido de la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario