viernes, 3 de abril de 2026
Las ideas tienden a persistir, entre otras cosas porque se reproducen. Los mundos que describen las ideas, no: están dados de una vez por todas. Así, es obligado que lo vivo persista en su ser, al menos hasta que se reproduzca. De ahí el famoso conatus de Spinoza, principio básico que dice que todo lo que es, tiende a perseverar en su ser. Spinoza lo extendió más allá de los seres vivos, a todo lo que meramente es, una piedra, por ejemplo. Pero creo que Spinoza hizo trampa para salvar a Dios, que según su cosmovisión, no es un ser vivo (Dios o la Naturaleza). Así, de rondón, se le coló el panteísmo, con lo que Dios quedó desactivado a efectos prácticos. A mi entender, la introducción de la noción de reproducción (de los seres vivos) es lo que permitiría deslindar el conatus solo para lo viviente pues reclama lo heraclitiano frente a la persistencia parmenídea de la piedra. En general los mundos (compuestos de piedras, entre otras cosas) darían la base fija al ser mientras que lo viviente, y sus ideas, permitirían la dialéctica. La lucha, el combate, la agresión y la muerte, que nos define.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario