lunes, 13 de abril de 2026
Veréis. Cada tarde, echado en el sofá todavía ahora cubierto con la mantita de invierno, escucho música clásica en un breve concierto, de media a una hora para terminar de restaurar mi psique y mi soma tras la jornada mañanera laboral. Hace un tiempo que vengo escuchando a esa hora el Concierto para piano nº 21 de Mozart. Es claro, luminoso y jocundo. Hasta aquí nada fuera de lo normal. Pero el caso es que escuché dicho concierto el otro día acompañado de unos perros a los que estaba cuidando... Y, oye, que influido por su presencia comencé a detectar señales que no había captado hasta el momento en el concierto de Mozart. Sí, el segundo movimiento, tiempo lento, me hizo pensar en un universo gatuno, con leves maullidos y gestos - musicales - suaves y contenidos como los de un felino. Y el tercer tiempo, final, rápido, un desborde de vitalidad perruna! Con alharacas y pamemas propios de quienes compartimos nuestro tiempo con los perros. Todo podría ser...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario