sábado, 30 de mayo de 2026
Se acerca el verano (boreal) y las temperaturas ambientales van subiendo. Yo, de año en año voy sintiendo menos el calor. Sí, supongo que mi metabolismo se va ralentizando o, dicho de otra manera, que la Parca va danzando cada vez más cerca. También es cierto que pienso que la meseta madrileña está gozando de un microclima en este cambio climático que dulcifica y atempera generalmente los episodios de calor. He creado una máscara que me impide ver la temperatura oficial que se va señalando y me refugio en la temperatura sentida y, en cierto modo, gozada. Creo tener, dada mi edad, una memoria térmica que me permite calibrar, mal que bien, las temperaturas reales, pero me puedo equivocar. Con mi escasa veta dramática, para mi no hay casi olas de calor ni episodios tórridos en esta ínsula madrileña. Yo vivo, sea real o metafóricamente, en clima temperado y, cada vez más, lluvioso. Alimenta mi fantasía térmica una vida recoleta y a la sombra que absorbe posibles picos de temperatura. Lo dicho, echadme veranos al coleto que yo os devuelvo canículas disminuidas. Soy como el muñeco de nieve que se resiste a derretirse al final del crudo invierno. Y así voy contando mis días.
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