domingo, 27 de septiembre de 2026
Envejecer es una tarea que se desarrolla insensiblemente, en una transición insensible que puede comportar alguna sorpresa y bastantes contrariedades. Yo ya soy viejo, y cada vez lo seré más, dice la boutade. Porque ser viejo es, entre otras cosas, ir cortando hilos intentando no enredarte demasiado en ellos. Ir cortando hilos hasta quedarte en los huesos, en la pura esencia, que, como es sabido, en los seres humanos es pura fijeza, cesación de todo. Hace ya muchos años que empecé a poner en práctica esta idea. Por ejemplo, como desde hace más de 20 años no veo televisión y cine y teatro hace un poco menos, soy incapaz de reconocer los nombres, y los rostros, de los actores, actrices y cantantes de moda. Dimití de la cultura hará unos 10 años y desde entonces no asisto a ningún espectáculo ni presentación. Paso como sobre ascuas por la sección de Cultura cuando leo la prensa digital. Releo. Escucho siempre las mismas grabaciones de música casi siempre en el mismo orden. Y así me voy preparando para la rigidez postrera. No me asusta la muerte pero prefiero seguir aquí unos cuantos años más para amenizar, en la medida de lo posible, a los presentes. Jeje.
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