viernes, 31 de octubre de 2014
Los amigos se conocen, se aman, se flagelan -a veces-, se cimbrean
grácilmente el uno apoyado en el otro. Gesticulan y hablan, mucho. Lo
primero para alejar a los malos espíritus, y lo segundo para convocar a
los buenos espíritus. Nada es posible sin la amistad, lo amical, que es
el cimiento y a la vez célula originaria de toda relación social digna
de ese nombre. Y cuando todo es posible surge el lado práctico de la
amistad, el que concita a pasear por los bulevares y beber alguna
absenta moral. Si la amistad pervive la vida puede proseguir.
jueves, 30 de octubre de 2014
Senderos que no huyan hacia el horizonte, que culebreen como sierpes
enroscadas sobre sí mismas. Esto no los convierte en laberintos porque
donde hay camino está hecha una elección y sólo se encuentra en un
laberinto quien ha hecho dejación de su libertad de elección, o se ha
visto compelido a ello.
miércoles, 29 de octubre de 2014
Si la escucha de Mozart incrementa la producción láctea de las vacas,
¿la música disco optimizará la rumiación y el reggae el consumo de flor
de opio por parte de las vacas? Y quien dice vacas dice humanos. Mozart
hace subir las apuestas en el póker, la música disco incrementa la
producción en cadena, y el reggae los asaltos de los piratas del Caribe
al frigorífico de mamá. ¿Seremos vacas reencarnadas? Si tienen razón los
hindúes, el metano que producen las vacas y que contribuye al cambio
climático es una bendición de los dioses.
domingo, 26 de octubre de 2014
Recombinatoria: Los juegos siempre traen consigo un peso por descargar,
la pena por acabar. Es como el gran juego de Dios con el tiempo; juega
con una vía de entrada, por la que se suceden los acontecimientos y un
sumidero de la Historia en donde reposan todos los hechos que ya
acontecieron. Si Dios se cansara de jugar, si tuviera una pena que
descargar, entonces anegaría el devenir del tiempo creando un circuito
cerrado o tiempo circular que recombinaría todos los hechos que se
hubieran producido y los que ya no se tendrían que producir pues el
comienzo y el final estarían imbricados. Si los humanos nos diéramos
cuenta de la añagaza, sólo cabría una respuesta, dejar de jugar. Este
sería mi final del mundo soñado.
viernes, 24 de octubre de 2014
Sí, los noctámbulos mugen, y su mugido, un tipo de ultrasonido, enciende
las luces de los bares de copas y apacienta las farolas de luz naranja
de Madrid, reuniéndolas en la alquería dispersa que es la ciudad donde
afilan las sombras nocturnas que se escarchan bajo ese mugido inaudible y
apaciguador a pesar suyo, domador de muchos lamentos sin nombre que
pulularían por los contornos de no ser amaestrados.
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