martes, 28 de mayo de 2024
Yo siempre he pensado que la política, y más en estos días, es la continuación de la guerra por otros medios. Con lo que, dado que la guerra es resolutiva y la política no, las personas con alguna conciencia política están muy frustradas casi de continuo. Ayer le decía a mi amigo F. que a mi eso no me afecta ya que estoy al margen casi por completo de los circuitos de sobreestimulación y castigo, esto es, de los mass-media en general. Yo me informo por 2 o 3 medios digitales en los que casi nunca entro en las noticias, me quedo en su titular y solo veo fotos, no así imágenes en movimiento. Leo, de mi periódico favorito, las columnas de 3 o 4 periodistas a los que sigo, nada más. Tengo otro amigo, M., que está permanentemente de los nervios porque sigue una dieta copiosa de noticias y tertulias periodísticas. Pero no sé si recomendar mi particular receta porque eso sería tanto como pregonar las virtudes del anacoreta, y eso sí que no está nada, nada, en el espíritu de nuestro tiempo.
sábado, 18 de mayo de 2024
Al igual que en ciertas cosmogonías antiguas, para mi el mundo es muy simple. Parto del supuesto de que ni lo conozco ni puedo llegar a conocerlo. Y de ahí busco la línea de menor presión cognitiva. Así, para mi el mundo es un agujero. Sencillo, no? Es un agujero que siempre estoy pisando, con lo que todo lo que llevo encima acaba cayendo en él. Sí, los intentos diarios de cambiar el mundo los tiro alegremente al agujero. Los heroicos esfuerzos por sobrevivir día a día, al agujero. La experiencia y la memoria, al agujero. Con lo que siempre estoy en un estado adánico frente al mundo. "Si todo es nuevo, nada se pierde", sería mi lema existencial. Cada día vuelvo a nacer (de un repollo), eso sí, ya mayorcito y hasta medio cascado. Nunca seré un adulto, claro. Con lo que no tengo problemas de adulto. Pues en cuanto asoma lo terrible, al agujero. Claro que tendré que acabar por tirarme yo de cabeza al agujero. Sí, acabaré por morir de éxito.
miércoles, 8 de mayo de 2024
Según algunos, no somos libres, al igual que el resto de la Naturaleza, sometidos todos a las leyes y principios que la ciencia intenta revelar. Creo que se trata de un falso dilema el que nos sitúa entre la Escila y la Caribdis de la libertad o la determinación. Porque ser libre significa que la conciencia estipula nuestros pasos. Y la conciencia, para la ciencia, es un homúnculo que supuestamente habita el interior de cada testa humana. Quiero decir que la única representación para la ciencia de la conciencia es, a efectos prácticos, esa. Porque la conciencia, por definición, no puede tener traslación objetiva, al ser, para sus defensores, la clave y cifra de lo subjetivo. Así que la ciencia que intenta estipular las leyes que rigen al mundo - y de paso, a nosotros - se queda muda ante la conciencia. Literalmente no se puede expresar, decir, en términos científicos. Y si no puede ser objeto de discurso - científico - no se puede contraponer en el mismo plano al discurso de la determinación - científico -. Con lo que no se puede plasmar lógicamente el supuesto dilema. Eso no quiere decir, por supuesto, que el debate en la vida nuestra de cada día no siga abierto. Pero, créedme, es perenne o al menos tanto como la vida humana pueda serlo.
jueves, 25 de abril de 2024
Mi vida se puede leer como una novela (por ahora inacabada). Y, al igual que Rayuela, no hay un modelo único para armarla. Hay, creo, 2 o 3 ideas-fuerza que permiten montarla. Pero igual sería más interesante, caso de que tuviera algún lector, seguir el curso de minucias, futesas, a las que se puede dar la importancia que se quiera. En cualquier caso, no creo poder decir que mi vida es mía. Entiéndaseme, en tanto que ser social, mi vida tiene muchos fusibles y engranajes que la hacen funcionar y no muchos dependen exclusivamente de mi. Soy una persona mediocre moral e intelectualmente, en el sentido de que, funcionalmente, mi vida no destaca por nada especial. Cuando muera un amigo dice que todo irá al contenedor. Mis libros, mis discos... Y bien está. Así se hace sitio para las generaciones siguientes. Me estoy dando cuenta de que quizá estoy escribiendo mi epitafio. Como suele ocurrirme, me tomo atribuciones que no me corresponden. Al menos estoy levantando la mano en la clase de todos, lo que dada mi acentuada timidez, implica por mi parte poner un gran empeño. Pero no espero, como Nerón, un aplauso cuando caiga el telón. Ni creo, tampoco, que se oiga grito alguno solicitando al "Autor, autor..!"
lunes, 15 de abril de 2024
La política debiera ser el reino de la pragmática, lo que está orientado a las cosas mediante acciones, pero es realmente así? En épocas de plenitud social seguramente lo sea pero se dan altibajos. Actualmente, en España al menos, da la impresión de que prima el acento sobre el lenguaje. Y como el reino natural de la política está en la acción pues el uso de la palabra destinada a dar forma a la acción vira rápidamente hacia la normativa, la prescripción, la ética en el mejor de los casos. Pero si cojea la pata pragmática entonces el lenguaje de la política rápidamente deja de orientarse hacia la verdad, que es la manera en que las normas pueden prescribirse éticamente, para caer en la más redomada de las mentiras. Es un ejemplo más de la acción-reacción que es el sistema de movimiento social por excelencia. Sí, cada uno de nosotros somos pistones sociales, más que engranajes sociales. Y la política es el medio social para embridar y orientar por donde sople el viento al conjunto de los pistones sociales. Cuando estamos embarrados en las mentiras el barro entorpece su funcionamiento. Limpiar todo esto es tarea engorrosa y meticulosa. Y sobre todo requiere de lenta pulcritud. O de una lluvia salvífica...
viernes, 5 de abril de 2024
En España el cotilleo es el pan nuestro de cada día. Y no hay pan duro si hay hambre...Los centros de trabajo, las plazas y casi cada casa rebullen cada día con el zumbido perenne de los insectos sociales que somos. Sí, la trama fina de las relaciones sociales en España la constituye el cotilleo. Todas y todos lo practican, a mi que no me digan... Cotillear no implica necesariamente maldad o inquina contra el o la cotilleados sino un afán obsesivo por tirar la piedra y esconder la mano casi, casi, en abstracto. Quiero decir que lo importante no es la persona alanceada sino que el murmullo no decaiga. Porque esa trama, en negativo, esconde un temor cerval al "qué dirán". Con lo que el país entero, España, cada una de las personas que lo componen, vive coartado en su accionar por temor a ser señalado con el dedo. Tanto las posibles acciones buenas como malas que puedan ser tildadas en alguna manera de creativas, originales o innovadoras quedan retenidas en gran medida antes de asomar la cabeza por el miedo al "qué dirán". Lo rutinario, lo consuetudinario, no. La mediocridad moral, no. Y así seguimos en esta España nuestra.
lunes, 25 de marzo de 2024
Pintan bastos en la política. Cada vez hay más fanatismo, unido a una mengua de los valores éticos y a una desvalorización de la justicia. Creo que todo eso lo subsume el miedo ambiental que envuelve a la gente. Si la gente tiene miedo se encierra cada vez más en sí misma sin mucho margen para ponerse en el lugar del otro ni para preocuparse de que tengan las oportunidades y el trato justo que se merecerían en tanto sean nuestros semejantes. Y el miedo ambiental, generalizado, conlleva el egocentrismo pues no salimos de nosotros mismos y no vemos más allá, lo que en afectos se traduce en narcisismo. Todo lo anterior creo que tiene su basamento en el relativismo que impregna nuestra época. Relativismo que socava los valores familiares lo que conduce directamente al egocentrismo y narcisismo de cada uno. El relativismo se instauró en el arte desde principios del siglo XX, cuando el arte occidental renunció a la belleza porque esta es algo que todos perciben de inmediato de una manera similar con lo que tradicionalmente ha sido la piedra de toque del arte con valores absolutos propio de toda nuestra historia anterior. En muchos casos el emblema del arte con valores absolutos ha sido la curva, el arco, las volutas en todas sus formas. Porque la curva es sinónimo de belleza. Las líneas rectas y la geometría en general imperan desde la instauración del relativismo en el arte. Pero desde principios del siglo XX ha llovido mucho, y ya estamos en la tercera generación de artistas que beben del relativismo. Con lo que se instaura una forma de tradición, la tradición relativista. Y, quizá, estén empezando a surgir valores absolutos propios de quien sigue una tradición. Así, las curvas en la arquitectura como en el Guggenheim de Bilbao o en bastantes de los rascacielos de última hornada. Es una forma nueva de buscar belleza, no volviendo al pasado sino evolucionando hacia el porvenir. Son chispazos aquí y allá porque hay tantas tradiciones relativistas al menos como -ismos proliferaron. Y de cada una surgiría un acceso a la belleza diferente. Si el arte vuelve a ser mascarón de proa de la ideología occidental puede que nos salvemos todavía del pregonado retorno a una Edad Media que tantos agoreros vaticinan.
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